I can't believe I was a slave

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Modern Slavery and Climate Change: The Commitment of the Cities

New Synod Hall, 21 July 2015

Ana Laura Perez Jaime – Slave Labour Survivor

Buenos días a todos. Es un honor para mí estar aquí. Quiero agradecerle, ante todo, al Monseñor Sánchez Sorondo por la invitación y al Papa Francisco. Orgullosamente, también, quiero agradecer a mi Ciudad de México y a Miguel Ángel Mancera.

Actualmente pertenezco a la comisión Unidos Contra la Trata, pero fui víctima de trata laboral, en su modalidad de esclavitud. Yo decidí escapar de aquella situación hace dos meses y medio, y de hecho mi caso fue muy conocido mundialmente. En los medios decidí llamarme Zunduri, que significa niña hermosa. Desgraciadamente, cuando decidí escaparme me encontraron más de 600 cicatrices, hechas con palos, quemaduras de plancha, y cables de luz; tengo y llevo conmigo aún la fuerte cicatriz en mi cintura, porque la persona que me tenía me ahorcaba la cintura, de tal modo que me salían llagas. Me obligaba a planchar por más de veinte horas seguidas, tenía que dormirme parada, y por supuesto, tampoco me dejaba hacer mis necesidades. Mis necesidades las tenía que hacer en bolsas de plástico, como también para poder aguantar el hambre tenía que masticar los plásticos. Llegué a estar sin comer por más de cinco días. Tampoco, ni siquiera, me daban de tomar, tenía que tomar de la misma agua con la que yo planchaba.

Cómo sobreviví, sólo lo sabe Dios. Dios sabe porqué estoy aquí, y para mí es una bendición. Por todo esto, hoy por hoy, no puedo creer haber sido esclava. ¿Alguna vez alguno de ustedes se ha sentido encadenado? Yo sí. Mis cadenas fueron psicológicas, como también físicas. Como podrán ver [muestra foto] ahí está la persona que antes era yo; realmente cuando decidí escapar estaba muerta en vida.

Ella [la torturadora] sabía que era vulnerable, y me decía “tu mamá no te quiere”. Mi madre siempre intentó buscarme, pero ella me negaba. Incluso ella le decía que por tan sólo acercarse a su casa la demandaría. Ella siempre se burlaba de mi, me decía “no tienes a donde ir”. Se aprovechó cada día más y más y más, hasta que el trabajo fue excesivo. En alguna ocasión me desesperé y me fui; me fui de su casa pero ella me encontró. Me dijo “te he denunciado, y si no regresas conmigo, irás a la cárcel”. Yo por el miedo, porque aún era vulnerable, decidí regresar con ella. Llegamos a un acuerdo, y se cumplió, pero siempre pensaba a dónde podría ir en caso de escaparme de nuevo si no tenía a donde ir.

Ahora tengo 23 años. Desde que decidí salir de allí llevo conmigo una hoja en blanco, porque desde ahí decidí tener una nueva vida. Una nueva vida con una hoja en blanco, que el blanco significa paz, paz para mi vida desde aquel momento. En esta hoja en blanco empecé a escribir todos mis sueños de ahí en adelante, mis metas, mi sentir, mi vivir, mi libertad, mi libertad de expresión, mi libertad de soñar. Y algo muy simple que les quiero compartir a todos ustedes es lo primero que escribí en esa hoja en blanco: “recostarme en el pasto y respirar el aire libre”. Porque ya era libre desde que decidí escapar de ahí.

Los invito a todos ustedes a que escribamos una nueva vida, una nueva hoja en blanco para escribir todos juntos. No es posible que siga habiendo esta esclavitud en el siglo XXI, no es posible que todos estemos ciegos frente a esta esclavitud. Los invito a todos a que acabemos con la esclavitud, con la trata laboral, con la trata de personas. Somos todos seres humanos, todos sentimos. No porque tú tengas dinero, no porque tú tengas todo, soy menos que tú. Ni yo soy menos que tú, ni tú eres más que yo. Todos somos iguales. Dios nos hizo a su imagen y semejanza. Ahora yo quiero, por favor, si me lo permiten, hacer una oración. Les pido, por favor, si pueden cerrar los ojos por un momento:

“Dice el Papa Francisco en la Encíclica: ‘Fuimos concebidos en el corazón de Dios, y por eso cada uno de nosotros es fruto del pensamiento de Dios’. Dios, Señor mío, escucha la oración de quienes estamos aquí hoy reunidos junto a ti, escucha nuestro llamado, porque somos todos tus hijos. Te pedimos por cada uno de nuestros familiares, te pedimos que ya no haya más esclavitud, que no haya más indiferencia; todos somos seres humanos, todos somos tus hijos, Dios mío. Te pido, por favor, que ilumines los caminos de cada uno de nosotros, que sensibilices nuestro pensar, nuestro sentir, nuestro soñar, nuestro corazón, en el Nombre de Jesús. Amén”.

Muchas gracias y, de nuevo, es un honor para mí estar aquí frente a todos ustedes, porque hoy puedo respirar, porque hoy puedo sonreír, porque hoy puedo cantar, porque hoy puedo saltar sin que haya una persona a mi lado que me lo impida, que me golpee por tan solo cerrar los ojos. Todos somos libres, y hoy los invito a todos a que ya no haya más esclavitud. 

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