No más esclav@s sexuales: un deber de los jóvenes del signo XXI

Alejandra Scelles Torres

Buenos días,

Soy joven, española y francesa, vivo en una sociedad supuestamente avanzada, y soy incapaz de entender como hombres, mujeres, niños y niñas de todo el mundo pueden seguir viviendo en pleno siglo XXI, en condiciones de esclavitud o análogas a la esclavitud.

Llevamos dos días escuchando el valiente testimonio de jóvenes venidos de todas partes, que claman y trabajan desde el convencimiento de que es posible imaginar un mundo sin trata, sin explotación, sin prostitución, sin violencia.

Vemos sin embargo con gran preocupación, que la esclavitud moderna y otras formas emergentes de esclavitud, se producen y reproducen en todas partes, en el mundo entero.

Si la esclavitud está abolida desde hace décadas, como joven que ha nacido en una sociedad libre e igualitaria, me pregunto con gran consternación por qué en el año 2015 hombres y mujeres siguen siendo vendidos como esclavos para ser explotados sexualmente, laboralmente, niños  utilizados como soldados o escudos humanos, personas obligadas a ejercer la mendicidad.

Como joven, mi obligación y mi deber es decir desde el principio de mi intervención, NO A LA ESCLAVITUD EN CUALQUIERA DE SUS FORMAS, NO A LA EXPLOTACIÓN HUMANA. Las vidas de las personas no están en venta, no se puede traficar con ellas. Nadie puede disponer del cuerpo ni de la vida de nadie. Rotundamente NO.

Soy estudiante de Ciencias Políticas, porque creo que el mundo entre todos podemos y debemos cambiarlo. Deseo aportar mi pequeño granito de arena a esta lucha, que creo es la lucha de todos. El objetivo: conseguir un mundo libre de cualquier forma de discriminación y explotación, trabajar por un mundo más justo e igualitario.

Pertenezco a la Fundación Scelles que lleva trabajando desde hace más de 22 años contra la trata de seres humanos y la explotación sexual. Para nosotros la prostitución es una forma de violencia y una consecuencia directa de la desigualdad.

Estoy convencida que la falta de oportunidades reales incrementa la desigualdad, y que la desigualdad es la raíz de toda forma de violencia y de explotación.

Por eso, como joven y como ciudadana comprometida, mi objetivo es trabajar por alcanzaresa igualdad de oportunidades, que a su vez generará más riqueza y una más justa redistribución de la misma. La igualdad crea más IGUALDAD.

Sin embargo, cómo puedo pensar en igualdad de oportunidades, si millones de niños y niñas del mundo entero no tienen acceso a lo más mínimo? ¿Si desde su infancia el único objetivo de su vida es sobrevivir? ¿Si no saben lo que significa la palabra educación, la palabra escuela?

¿Cómo puedo luchar contra la trata de seres humanos, si hay redes criminales perfectamente organizadas que necesitan y se aprovechan de la vulnerabilidad de los más desfavorecidos, para seguir llenando sus bolsillos, y para seguir perpetuando un mundo de violencia y temor que les es favorable?

Y cuando reflexiono sobre todas estas cosas, me vienen inmediatamente tres ideas a la cabeza:

1.     Educación

2.     Sensibilización

3.     Justicia

1.             Educación en todas partes del mundo: Educación de las personas de los países más desfavorecidos para que puedan tener una oportunidad más allá de la pura supervivencia. Educación para que puedan decidir en libertad, para que puedan trabajar, y puedan convertirse en seres humanos autónomos e independientes. Si yo tengo acceso a la educación, ¿por qué ellos no?

Y Educación también para los niños y las niñas de los países desarrollados, los niños y niñas de mi país, de mi ciudad, de mi barrio. Educación para la igualdad, la paz, el respeto, la tolerancia, la resolución pacífica de los conflictos. Educación afectivo -sexual para que ningún niño o niña pueda considerar una sola vez en su vida, que los cuerpos y las vidas de otros seres humanos se pueden comprar, vender o alquilar.

Educación para que cualquier forma de violencia sea inimaginable en sus pequeñas cabecitas, y que se cree en ellos un sentimiento de repulsa automático hacia cualquier forma de esclavitud o de explotación.

2.             Y junto a la educación, la concienciación, la sensibilización de nuestra sociedad. Jóvenes y adultos hemos crecido en un mundo competitivo en el que la cultura del “todo vale” ha reemplazado en muchas ocasiones a valores universales como la dignidad, el amor o el respeto. Una sociedad en donde el poder del dinero y los intereses personales, han primado por encima del bien común y la solidaridad.

Pues bien, en una sociedad demasiado acostumbrada al individualismo, la desigualdad y la insolidaridad, nuestra voz se hace indispensable. Nuestro trabajo de denuncia, de visibilización de la violencia, de tolerancia cero frente a cualquier forma de explotación, es fundamental.

Y no tenemos que irnos muy lejos. Vuelvo una vez más a mi barrio, a mi ciudad, a los que viven a mi lado. En un país como el mío, donde más de 38% de los hombres son compradores de sexo, y más del 90% de las mujeres prostituidas son víctimas de la trata, hay un importante trabajo de concienciación que hacer. Con mi familia, con mis amigos, con mis vecinos, con mis colegas de trabajo, con todos….

Campañas de sensibilización, documentales anti trata, formación y training de profesionales que trabajan con las víctimas, todo es poco para erradicar esta forma contemporánea de esclavitud.

Cuando oigo a personas de mi edad hablar con desprecio de las chicas de su misma edad, o banalizar completamente la situación de las mujeres en prostitución, no puedo evitar pensar que lo hacen porque desconocen completamente la realidad de la que están hablando. No entiendo su ausencia de sensibilidad y, me digo a mi misma que si conocieran el mundo de esclavitud, pobreza y desigualdad que se esconde detrás de ello, quizás su posicionamiento empezaría a cambiar.

No puedo evitar pensar que están fuertemente condicionados por las imágenes y mensajes que a diario lanzan los medios de comunicación, las redes sociales y las Nuevas Tecnologías. Imágenes denigrantes de la mujer, mensajes exaltadores de diferentes formas de violencia, imágenes emuladoras de un mundo ideal donde el poder, el dinero y el sexo son los valores en alza.

Por eso es fundamental sensibilizar a la sociedad, porque hay mostrar y demostrar la verdadera realidad, la cruda realidad. La trasformación pasa por un cambio de mentalidades que solo se puede conseguir educando, sensibilizando, concienciando. Sensibilizar es el camino que nosotros los jóvenes debemos emprender para acabar con la desigualdad, la discriminación, la violencia y la explotación.

3.             Y la justicia. Justicia para los delincuentes y justicia para las víctimas. Esta es la tercera idea que siempre me viene a la cabeza.

No pueden quedar impunes los delitos cometidos en todo el mundo a diario contra millones de seres humanos que son esclavizados, comprados, vendidos y revendidos como mercancías, ofrecidos al mejor postor. Los nuevos tratantes de esclavos y esclavas tienen que ser perseguidos, arrestados y condenados. La impunidad es uno de los principales obstáculos hacia la libertad, la impunidad es el mejor atajo hacia la esclavitud, su mejor aliada.

Las víctimas tienen derecho a protección jurídica y atención social, psicológica, sanitaria y económica. Pero sobre todo tienen derecho a la reparación del daño sufrido, a recuperar una vida digna, una familia, un trabajo, una vivienda, una formación…..

¿Quién va a reconstruir una vida rota, quién les va a devolver el tiempo perdido? ¿Cómo reparar el daño sufrido? Hay cosas que nunca les podremos devolver, pero sí su derecho a una nueva oportunidad. Es un deber de los Estados no solo liberar a las víctimas de la situación de esclavitud en la que se encuentran, sino sobre todo proporcionarles una nueva oportunidad, protegiéndoles a ellas y a sus familias de las amenazas que todavía pesan sobre ellos, y asegurándose de que una situación así no se va a volver a repetir. Es un deber de los Estados tratarles como víctimas de trata y no como inmigrantes ilegales, que son repatriados a sus países de origen sin protección ni atención. Las víctimas de trata son víctimas, no delincuentes.

Y es nuestro deber como jóvenes recordarles a los Estados cuál es su compromiso, y cuáles son sus obligaciones. Tenemos que exigir más medios humanos y económicos. Porque la esclavitud no solo se combate con educación, sensibilización y justicia. La esclavitud también se combate con dinero.

Por eso, es fundamental involucrar en esta lucha aunque parezca contradictorio, a las grandes empresas, los grandes lobbys y los poderes fácticos que también tienen el poder económico. Debemos recordarles su responsabilidad social, como garantes de la sostenibilidad económica de nuestro planeta.

Soy consciente que esto es muy difícil porque el mercado de la esclavitud sexual genera billones de dólares en el mundo entero. Porque los intereses económicos son inimaginables. Pero también es verdad que cada vez son más las empresas, los lobbys y las personas relevantes que se alían con nuestra causa. Por eso estoy convencida que podemos y debemos seguir trabajando para convencer a muchos más.

En mi país hay periódicos que ya no publican anuncios de prostitución, y hay empresas que patrocinan campañas contra cualquier forma de violencia hacia las mujeres. Personajes públicos se alían a nuestra causa y denuncian la trata y la prostitución como una forma extrema de violencia. Todo esto es muy esperanzador.

Yo creo que desde la sociedad civil se pueden hacer muchas cosas para movilizar a los poderes públicos. Tenemos que convencer a los políticos, que se vive mucho mejor en un mundo sin explotación. Que su principal responsabilidad es la de mejorar la vida de las personas, la de todas las personas sin excepción, y que dentro de sus propias fronteras hay seres humanos que no alcanzan la categoría de persona, porque viven y son tratados como esclavos.

Esto es inadmisible, intolerable e inasumible para cualquier Estado democrático que se precie.

Nuestro deber como jóvenes es alimentar el debate con datos e ideas. Ser innovadores en nuestras propuestas. Conocedores de la realidad para poder transmitirla. Portadores de ilusión para poder contagiarla, y transmisores y continuadores de un trabajo ya comenzado y realizado por miles de personas comprometidas en el mundo entero, contra la esclavitud y la explotación humana.

Apoyo y animo el trabajo intergeneracional que se nos propone en este Seminario, así como la creación de una red mundial de jóvenes, que como dice Monseñor Sanchez Sorondo, nos pueda llegar a convertir en “promotores y puntos de referencia para las agencias y las instituciones que combaten esta causa en el mundo”.

No puedo finalizar mi intervención, sin agradecer a la Academia Pontificia de las Ciencias por haberme invitado un año más a participar en este Seminario Mundial de Jóvenes, y muy en particular a su Santidad el Papa Francisco por su implicación indiscutible en esta causa, promocionando, alentando y visibilizando nuestro trabajo.

Gracias también a todas las personas aquí presentes, muchas de ellas venidas del otro lado del mundo, porque con su presencia, su buena voluntad, sus conocimientos, su experiencia sobre el terreno y su saber hacer, están lanzando un importante mensaje de esperanza y de unión al mundo. Entre todos se puede lograr y cada vez vamos a ser más las personas e instituciones que nos vamos a unir para conseguirlo.

Frente a la opresión, a la explotación y la esclavitud de los seres humanos, el mensaje de nosotros, los y las jóvenes del mundo, es claro: dignidad, libertad, respeto, igualdad.

Muchas gracias

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