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Discurso de la Venerable Bhikkhuni Thích Nu Chân Không

chankhong

La hermana Chân Không es la primera discípula monástica ordenada por el maestro zen Thích Nhât Hanh y es la encargada de dirigir todos sus proyectos humanitarios. En 1959 colaboró con él en la fundación de la Escuela de Jóvenes para el Servicio de Ayuda Social, para brindar asistencia en las aldeas remotas devastadas por la guerra del Vietnam. Organizó la Delegación Budista por la Paz que asistió a las Conversaciones por la Paz en París en 1969 y coordinó la asistencia de emergencia para rescatar a los refugiados vietnamitas de altamar («Boat People»). Ha ayudado a Thích Nhât Hanh con el funcionamiento del monasterio de Plum Village, ubicado en Francia, y hoy día es la madre superiora de esta comunidad internacional que congrega a más de 800 monásticos. Las prácticas de la plena conciencia, o «mindfulness», de las cuales ha sido pionera han conducido a la reconciliación y la sanación a cientos de miles de individuos y familias.

CEREMONIA PARA LA FIRMA DE LA DECLARACION CONJUNTA DE LOS LIDERES RELIGIOSOS CONTRA LA ESCLAVITUD

Casina Pio IV, martes, 2 de diciembre 2014

 

Sus Santidades, Sus Excelencias, Sus Eminencias, queridos Venerables, distinguidos invitados, señoras y señores. Permítanme leer las palabras que nuestro Amado Maestro, el Maestro Zen Thich Nhat Hanh, quería pronunciar en el día de hoy:
 

«En esta era de crecimiento material y económico que se vive en todo el mundo, también debe haber un crecimiento en materia espiritual. Por muy buena voluntad que tengamos, si nos dejamos llevar por nuestras inquietudes cotidianas, que nos impulsan a buscar la satisfacción de nuestras necesidades materiales o el consuelo de nuestras emociones, terminaremos estando demasiado ocupados como para concretar nuestra aspiración común.


La contemplación debe ir de la mano de la acción. Sin una práctica espiritual, corremos el riesgo de renunciar a nuestro sueño demasiado pronto.


De acuerdo con lo que enseña nuestra tradición, cada uno de nosotros debe esmerarse por estar en íntimo contacto con las maravillas de la Naturaleza y las maravillas de la vida que habita en nuestro interior, con el Reino de Dios que anida en cada uno, con la Tierra Pura, y con el Nirvana que late en nuestro ser; así obtendremos la sanación, el alimento, el gozo y la felicidad que nacen del discernir que el Reino de Dios está con nosotros, en el aquí y el ahora. El sentimiento de amor y admiración hacia la Naturaleza que todos compartimos tiene el poder de nutrirnos y unirnos, y de eliminar toda separación y discriminación.


A través del contacto con todo lo que sana y renueva, seremos capaces de librarnos de nuestras inquietudes cotidianas, que nos incitan a buscar las comodidades materiales, y tendremos mucho tiempo para concretar nuestro ideal de llevar la libertad y la compasión a todos los seres humanos. Como reza el Evangelio: “No se inquieten entonces, diciendo: ‘¿Qué comeremos, qué beberemos, o con qué nos vestiremos?’. Busquen primero el Reino y su justicia, y todo lo demás se les dará por añadidura. No se inquieten por el día de mañana; el mañana se inquietará por sí mismo”.


En nuestra labor de servicio, debemos encontrar el tiempo para regresar a nosotros mismos y encontrar la paz en nuestro cuerpo y nuestra mente. Cuando podamos reconocer nuestro sufrimiento, y logremos acogerlo con los brazos abiertos, nacerá en nuestros corazones la energía de la compasión, y sabremos qué hacer y qué no hacer para aliviar el sufrimiento de aquellos que amamos, y del mundo todo. Debemos ser capaces de aceptar nuestra ira, nuestro miedo, nuestra tendencia a discriminar al otro y nuestra desesperación; y debemos tener una mirada discerniente que nos permita hallar la claridad, la valentía y la compasión que precisamos. Cuando encontremos paz en nuestro corazón y claridad en nuestra mente, seremos capaces de compasión incluso hacia los propios traficantes. Seremos capaces de despertarlos, y de tocar la semilla de la compasión que está guardada en sus corazones. Nuestra propia compasión podrá ayudarlos a abandonar el camino de la explotación, transformándolos en nuestros amigos y en aliados de nuestra causa. Sin embargo, solo cuando logremos cuidarnos a nosotros mismos en el momento presente, tendrán profundidad espiritual nuestros gestos de servicio.


Sin una práctica espiritual, no pasará mucho tiempo antes de que dejemos de lado nuestro sueño. Y sin una comunidad espiritual, seremos incapaces de tener éxito en nuestra labor de compasión. No tenemos por qué marchar como “caballeros solitarios”. Debemos, más bien, aprender el arte de forjar una comunidad pujante donde reine la fraternidad, el amor y la comprensión.


Si somos capaces de cultivar la dimensión espiritual en nuestra vida y nuestro quehacer cotidianos, el mañana se inquietará por sí mismo. Con una comunidad espiritual que nos apoye, lograremos hacer realidad nuestro sueño».

 

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