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Discurso del Reverendísimo y Honorable Justin Welby, Arzobispo de Canterbury

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El Reverendísimo Justin Welby cursó Historia y Derecho en el Eton College y el Trinity College de Cambridge. Durante 11 años se desempeñó en el sector industrial. En 1989, al sentir el llamado divino, abandonó su carrera para formarse con miras a su ordenación. Estudió Teología y se especializó en temas de ética, en particular en aquellos vinculados con el mundo empresarial. Como diácono estuvo 15 años al servicio de la Diócesis de Coventry. En 2002, fue nombrado Canon de la Catedral de Coventry y el 8 de diciembre de 2007 fue designado Deán de Liverpool. El 4 de febrero de 2013 se convirtió oficialmente en el 105° Arzobispo de Canterbury. Su entronización tuvo lugar en la Catedral de Canterbury el 21 de marzo de 2013. Está casado y tiene 2 hijos y 3 hijas.

CEREMONIA PARA LA FIRMA DE LA DECLARACION CONJUNTA DE LOS LIDERES RELIGIOSOS CONTRA LA ESCLAVITUD

Casina Pio IV, martes, 2 de diciembre 2014

 

En una época en la que las religiones son consideradas erróneamente una causa de conflicto, constituye un signo de verdadera esperanza que hoy los líderes religiosos de todo el mundo hayan asumido el compromiso público de luchar juntos para erradicar las formas modernas de la esclavitud. Vivimos en un planeta donde más de 30 millones de personas se encuentran bajo el yugo de alguna forma de esclavitud, como la trata de personas, el trabajo forzado y la prostitución, el tráfico de órganos y muchas otras atrocidades. El sufrimiento es inimaginable. Nos enfrentamos a un desafío acuciante y cada vez mayor, impulsado por una economía globalizada que con facilidad cae en una falta de moral o de conciencia.


Los aquí reunidos manifestamos conjuntamente nuestro más profundo compromiso para la liberación de quienes son humillados, abusados y esclavizados por sus semejantes. Se trata de un desafío que debemos asumir en asociación con nuestros prójimos del mundo entero.


Para los cristianos, el compromiso parte de dos convicciones fundamentales. En primer lugar, Dios ha creado la humanidad a su imagen. Nadie debería ser esclavizado ni ver negada su dignidad de participar de manera activa y libre en la vida comunitaria, donde la libertad forma parte de la creación.


La segunda convicción va aún más allá. Los cristianos creemos en que la vida divina se manifestó plena y únicamente en la carne y la sangre de una persona, Jesucristo, que nació gracias a la cooperación voluntaria de su madre, María. Por eso vemos a cada ser humano como parte del plan divino. Esto significa que ningún ser humano, en ninguna circunstancia, puede ser tratado como si fuera simplemente un objeto que se comercia, se trafica o se esclaviza. Cristo vino a restablecer nuestra liberación. Dios trató a la humanidad con un respeto amoroso cuando eligió adoptar una forma humana entre nosotros; por lo tanto, debemos compartir ese amor y ese respeto por todos los seres humanos.


Los males que queremos combatir no se rendirán sin dar pelea. En virtud del complejo entorno mundial, necesitamos forjar la mayor colaboración posible entre los gobiernos de todo el mundo y el sector empresarial, las fuerzas policiales, la sociedad civil, las comunidades de fe, así como todos los que anhelan que la humanidad entera viva en libertad.


Ya hemos establecido relaciones estrechas y de confianza entre nosotros mismos en nuestra calidad de líderes religiosos. Ahora, nuestra tarea consiste en lograr que esas relaciones den frutos para el bienestar de todos. La Comunión Anglicana ha asignado una alta prioridad a dicha tarea, y hoy estoy aquí para reafirmar mi propio compromiso personal con ella.


Pero ¿qué es lo que podemos hacer? Podemos asegurarnos de que cada comunidad religiosa, de cualquier credo, conozca la problemática de las formas modernas de la esclavitud y esté dispuesta a trabajar para prevenir esos abusos y ponerles fin. Podemos prestar atención a nuestras propias acciones y elecciones como consumidores y usuarios de servicios financieros cuyos administradores tienen el poder de ejercer una gran presión sobre las compañías en las que invierten. Podemos garantizar que las víctimas de la esclavitud y de la trata cuenten con el respaldo y el respeto de la comunidad, así como que sean asistidas para su reinserción social. Podemos continuar presionando a los gobiernos para que implementen leyes más efectivas dirigidas a erradicar estos males. En el Reino Unido, el gobierno ya ha introducido en el Parlamento un proyecto de ley, que en sí es un muy buen modelo, destinado a erradicar la esclavitud moderna. Podemos trabajar con el sector empresarial de todo el mundo a fin de asegurar que se implementen sistemas robustos de control para evitar la utilización de mano de obra esclava en las cadenas de suministros. Y también podemos fortalecer los lazos de amistad y de confianza entre nosotros y con todos los que comparten nuestro compromiso para terminar con la esclavitud, ya sea que profesen o no una fe.


Al formalizar hoy este compromiso solemne, ruego por que podamos, a través de la gracia de Dios, desempeñar una función clave para erradicar la práctica inhumana de la esclavitud moderna, una práctica que desfigura el mundo y oscurece la imagen de Dios en hombres, mujeres y niños. Tenemos la voluntad y tenemos el propósito común, podemos hacerlo. Que Dios bendiga nuestra labor conjunta.

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