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La trata de personas: esclavitud moderna

workshop2013

Casina Pio IV Seminario 2-3 de noviembre 2013 – Prefacio: Respondiendo a un deseo del Papa Francisco, las Pontificias Academias de las Ciencias y de las Ciencias Sociales, junto a la FIAMC (Federación internacional de las asociaciones de Médicos católicos), están organizando un seminario preparatorio que se celebrará los días 2 y 3 de noviembre de 2013 en la Casina Pío iV y que abordará la trata de personas y la esclavitud moderna a los efectos de establecer el real estado de la situación y una agenda para combatir dicho crimen atroz. Por ejemplo, hoy la ciencia puede proveer contra esta nueva forma de esclavitud instrumentos antes desconocidos, tales como un registro informático del ADN para cotejar tanto los datos genéticos de los niños desaparecidos (incluso por adopciones ilegales) como los de los familiares que los reclaman.

A nadie se le ocurre negar hoy que «la trata de personas constituye un crimen escandaloso contra la dignidad humana y una violación grave de los derechos humanos fundamentales», además de ser un evidente acelerador de lucro criminal en nuestra centuria. ya el Concilio Vaticano II establecía perentoriamente que «la esclavitud, la prostitución, la trata de blancas y de jóvenes, así como las condiciones laborales degradantes, que reducen al trabajador al rango de mero instrumento de lucro, sin respeto a la libertad y a la responsabilidad de la persona humana» son «infamantes» y «degradan la civilización humana, deshonran más a sus autores que a sus víctimas y son totalmente contrarias al honor debido al Creador». En uno de los pocos documentos del Magisterio Papal sobre este crimen, citado supra, el Beato Juan Pablo ii añade: «tales situaciones son una afrenta a los fundamentales valores comunes a todas las culturas y pueblos, valores radicados en la naturaleza íntima de la persona humana». El horripilante incremento de este crimen —concluye el beato Papa— es un nuevo desafío para las ciencias sociales y naturales en el contexto de la hodierna globalización: «el alarmante crecimiento en la trata de seres humanos es uno de los problemas políticos, sociales y económicos más apremiantes asociados con el proceso de globalización; tal representa una amenaza seria a la seguridad de las naciones individuales y una cuestión de justicia internacional que no puede ser diferida».

Según el reciente informe UNODC 2012 Report on Trafficking, las naciones Unidas empezaron a tomar seria conciencia de tal creciente crimen solamente a partir del año 2000, junto con los efectos negativos consecuentes a la globalización. así, más recientemente establecieron un Protocolo, firmado ya por 117 Estados partes, para prevenir, reprimir y sancionar la trata de personas, especialmente mujeres y niños, que complementa la convención de las naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada transnacional. Según el citado informe de 2012, entre 2002 y 2010 la Organización internacional del trabajo estima que «globalmente, 20,9 millones de personas fueron víctimas de trabajo forzado. Esta estadística incluye también las víctimas de la trata de personas para la explotación laboral y sexual» (pág. 1). Cada año se estima que alrededor de 2 millones de personas son víctimas del tráfico sexual, de las cuales el sesenta por ciento son niñas.

El tráfico de órganos de seres humanos es casi el 1% de esta cifra. Luego afecta a unas 20.000 personas a las que con diferentes formas de engaño se les extraen, en forma ilegal, órganos como el hígado, el riñón, el páncreas, la cornea, el pulmón, inclusive el corazón, no sin la complicidad de médicos, enfermeros y demás personal, comprometidos con juramento en vez a seguir el principio de Hipócrates: Primum non nocere. Estas escalofriantes estadísticas «representan solamente la punta del iceberg, ya que los criminales generalmente hacen de todo para ocultar la detección de sus actividades» (p. 16). algunos observadores sostienen que, en pocos años, la trata de personas superará el tráfico de drogas y de armas, y se convertirá así en la actividad criminal más lucrativa del mundo. Más aún, las recientes tendencias sitúan la trata alcanzando ya el primer lugar, por lo que lejos de ser un crimen social en retirada, tiene una presencia cada vez más amenazante.

Tal trata sexual internacional no se limita a las zonas pobres y subdesarrolladas, sino que se extiende virtualmente a todas las regiones del globo. Mientras que los países con una vasta (y a menudo legal) industria sexual engendran la demanda de la trata de mujeres, jóvenes y niñas, los países económicamente deprimidos proporcionan mayormente el suministro. Es en estos últimos donde los traficantes pueden reclutar con mayor facilidad. Las regiones de origen de la mayoría de las víctimas de la explotación sexual son las antiguas Repúblicas soviéticas, Asia y América Latina.

A causa de los enormes intereses implicados y del escándalo humano y degradación moral de tal trata, que llevan al pesimismo y a la resignación, 7 las más veces las instituciones internacionales le dan la espalda. Muy por el contrario, las academias Pontificias de las ciencias y de las ciencias Sociales, junto con la Federación de asociaciones de Médicos católicos, quieren hacer frente a este delito siguiendo directamente y sine glossa el deseo del Papa Francisco. Hoy, contra estas atroces formas de esclavitud queremos recuperar la venerable actitud del Jesuita catalán San Pedro Claver, quien consideraba a los esclavos africanos en Latinoamérica como sus hermanos y amigos cristianos más íntimos. tanto fue así que, cuando hizo su profesión solemne en 1622, firmó en Latín: Petrus Claver, Aethiopum Semper servus (Pedro Claver, siervo de los etiópicos para siempre). En síntesis, este gran Santo encarna la gran revolución del mensaje de cristo, no conocida ni por los Griegos ni por los Romanos ni por ninguna otra civilización precedente, que comienza explícitamente con la epístola célebre a Filemón de San Pablo, donde le aconseja considerar a Onésimo «no ya como esclavo, sino como más que esclavo, como querido hermano». En otras palabras, debemos aseverar en nuestros días con el Concilio Vaticano II que «cada uno, sin excepción de nadie, debe considerar al prójimo como otro yo, cuidando en primer lugar de su vida y de los medios necesarios para vivirla dignamente, no sea que imitemos a aquel rico que se despreocupó por completo del pobre Lázaro». Debemos en definitiva hacernos cargo de las mismísimas exigentes palabras del Señor: «en la medida que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo» (Mt 25,40).

Somos deudores al Papa Francisco que ha sabido identificar uno de los más dramáticos desafíos sociales de nuestra época y nos lo ha confiado, demostrando el aprecio que tiene por las instituciones católicas que organizan el seminario.
Como él ha dicho durante la reciente canonización de la Santa mexicana Guadalupe García Zavala «esto se llama ‘tocar la carne de Cristo’. Los pobres, los abandonados, los enfermos, los marginados son la carne de Cristo. Y Madre Lupita tocaba la carne de cristo y nos enseñaba esta conducta: no avergonzarnos, no tener miedo, no tener repugnancia a tocar la carne de Cristo. Madre Lupita había entendido qué significa eso de ‘tocar la carne de Cristo’». Estas palabras del Papa Francisco son la clara reacción desde el mensaje de cristo a esta nueva forma de esclavitud contemporánea, que constituye una violación aberrante de la dignidad y de los derechos de las personas.


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